Un hombre con una sombra dorada

Érase una vez un hombre con una sombra dorada. No tenía yo ninguna idea de dónde vino esa oración. Afuera estaba oscuro y oía la llegada de la tormenta llamada ‘Dorus’ – el viento fuerte, la lluvia intensa. Otra vez oía la frase en mi mente: ‘Érase una vez un hombre con una sombra dorada.’

¿Era la frase inicial de una historia? ¿Debería leerlo? ¿Escribirlo yo mismo? ¿Cómo es posible una cosa así – una sombra dorada?

No lo sabía. Pero sabía dónde estaba yo. Estaba en mi cama al amanecer del día en una de mis seis favoritas temporadas. Me sentí rico teniendo tantas estaciones favoritas, seis de las ocho. Las cuatro tradicionales – primavera, verano, otoño e invierno – y también sus cuatro sombras para las cuales no hay nombres en todas las lenguas humanas. Incluida ésta estación, mi favorita.

Él empezó a llamarme, ese hombre con la sombra dorada. Quería contarme su historia, para que yo la escribiera para que todos la leyeron. Pero luego me desperté.

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